martes, 19 de enero de 2016

Valorar y aprovechar lo que tenemos

Ayer  pudimos ver en los telediarios a niños de Costa Rica jugando al futbolín.  La noticia en si sería  intranscendente  si no fuera porque el juguete en cuestión no era más que una simple caja de fruta  con unos palos atravesados metidos por los agujeros que hacían  de manillares,  a los que habían adosado otros pedazos de  tabla atravesados como futbolistas.  Se veía a los niños disfrutando al máximo con sus  miradas alegres. Yo creo que estaban gozando más que  cualesquiera otros niños de países ricos, de progreso  con sus futbolines coloreados y perfectamente ensamblados o su multitud de juguetes varios.  Al ver la imagen, nos olvidamos un poco de la pobreza que les  rodea y nos alegramos de ver que también  las dificultades y problemas se pueden superar,
Imagen del periódico La Razón
incluso con alegría,  si hay mucha imaginación e ilusión.

Hace  pocos  fechas vinieron los reyes magos cargados de regalos, en la mayoría de los casos, para los niños de España. Ni un niño sin juguetes decía alguna campaña. Es verdad todos  necesitan sus juguetes, lo que puede que no sea necesario es que les lleguen tantos ese día mágicamente empaquetados.  Ellos abren todos los paquetes con gran felicidad, prueban a jugar también con todos, pero conforme van pasando las horas se quedan en muchos casos, y vuelven a jugar con su juguete  "principal" puede que el sencillo balón o el  más simple y barato y casi se olvidan de  todo los demás. Así un años más los "reyes" se dan cuenta  que han errado, que el valor y la cantidad no van asociados a mayor valoración y expectación  para los peques.

Hemos oído muchas veces esa frase que dice: no es más rico quien más tiene sino quien menos necesita. Al  escucharla pensamos que a lo mejor hasta puede ser verdad, pero después nos parece un paripé que solo intenta consolar y poco real. Está claro que unos mínimos, tanto económicamente, como de salud, son necesarios para vivir; es a partir de esos mínimos  cuando depende de nosotros que esa frase pueda ser real. Es que, como creo que he dicho ya en alguna ocasión aquí, las cosas más importantes son gratis. El aire es gratis, el agua es o puede ser gratis, el paisaje, la naturaleza, la sonrisa, el amor, la amistad: gratis total.  Puede ser más beneficiosa y placentera una simple tortilla de patatas que una gran mariscada.

A riesgo de que me vuelvan a decir que miro mucho al pasado. ¡Qué le vamos a hacer son ya los años!: recuerdo que en mi niñez en el pueblo salvo muy raras excepciones no había reyes aunque sí que teníamos juguetes.  Teníamos el jinche, la tarusa, el calvo, las tabas, pelotas viejas y sobadas, chiflas y arcos de  madera… otros juegos como el escondite para el que no se necesita nada. Hechos por nosotros, la gran mayoría de las veces, otras los padres  los mayores, nos ayudaban o nos hacían cestas pequeñitas con vilortas, carretillas con cuatro tablas de desecho, los apaños más diversos que nunca costaban nada y tanto nos ilusionaban.

Por eso a veces, cuando oigo eso de ningún niño sin juguetes, aunque esté de acuerdo con la frase, me rebelo un poco.  El juguete no tiene por qué ser la última consola del mercado,  el móvil más  sofisticado, el cacharro más caro. Puede ser, incluso, por los padres, por los reyes "fabricado".  Puede ser de muy poca tecnología pero capaz de llevar mucha ilusión y alegría, como los niños de Costa Rica con su futbolín tan "bien diseñado", nos lo han demostrado.


1 comentario:

  1. ¡Qué desgraciado es el niño incapaz de hacerse un juguete!. Una caja de zapatos con una cuerda; un palo: caballo, espada, escopeta, pértiga de salto mas allá; pella de barro: cazuela, horno, hogaza, culebra... ¿Niños pobres o pobres niños!. Niños sin imaginación, hombres frustrados.

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