viernes, 21 de febrero de 2014

Por decir algo

Aquel día Juanito se fijó en el sol y vio que estaba pegado a la primera colina, sin pensárselo dos veces el niño corrió y corrió, pero cuando a ella llegó el sol se había escudado en la siguiente. Se paró a pensar un poco a la vez que reponía fuerzas y sin pensárselo más corrió hacía aquella loma, pero de nuevo al  llegar el astro no estaba ya. Ahora ya no estaba en el siguiente monte sino colgado del cielo y muy lejos para alcanzarle, Así que se volvió para el pueblo, triste y desilusionado.

Van pasando los días como si fueran horas, las horas como si fueran minutos, los años como si fueran días y como si se tratara de colinas las abordamos intentando encontrar una estrella, una dicha en su cima, pero como el niño la mayoría de las veces llegamos al final del camino y no alcanzamos el sueño que se nos marcha en el tiempo. Y seguimos viviendo, subiendo días, trepando meses, escalando años con la ilusión de seguir tocando sueños.

Casi todo se puede alcanzar con tesón y con esfuerzo, nos han dicho más de una vez.  Casi todo lo que puede estar a nuestro alcance, pero cómo saber lo que realmente podemos alcanzar,  cómo ver que la ilusión que adivinamos en una fecha no se nos va escapar a la siguiente atalaya temporal.  Si no se tiene alas no se debe intentar volar. Los sueños, la felicidad no es algo que se pueda encontrar a la vuelta de la esquina sin más, son necesarios muchos pasos, numerosos tropiezos para llegar a una gran cima.

El niño desengañado de su aventura se fue para casa y se olvidó del sol mientras se metía con sus juegos de cada día y se sentía feliz. Sí, los sueños, como decía el poeta, sueños son, pero a veces hasta triunfan sobre la realidad si se les da la oportunidad.



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