martes, 14 de enero de 2014

Río Moro, una barbaridad.

Ya en 1894 en la zarzuela escrita por Ricardo de la Vega con música de Tomás Bretón titulada  La verbena de la Paloma;  se incluyó la famosa frase que tanto D. Hilarión en la obra, como las gentes de toda época  hemos repetido: "Es que la  ciencia avanza que es una barbaridad". También hoy la ciencia sigue avanzando, nos quedamos muchas veces absortos ante los descubrimientos que en todos los campos se van sucediendo, la lista sería interminable, ¿pero avanzamos  realmente en el sentido más amplio de la palabra?

El domingo estuve dando una vuelta por nuestro querido reguero-río  Moro. Antes de llegar a él por los aledaños advertí un olor pestilente que venía de la depuradora que no se si depurará algo pero por lo que se advierte más que purificar impurifica el ambiente. Ya caminando por  las orillas del arroyo pude comprobar la cantidad de porquería en forma de lodazal y envases de plástico y otros que en los recovecos y curvas del agua allí había. Solo en algunos pozos se resisten al exterminio unos pocos peces. También mucha maleza adosada a sus orillas.

No pude evitar acordarme de cuando en mi niñez y adolescencia pasaba tantas horas a las orillas de Moro pescando, con la vacas en el valle, jugando.  Sus aguas estaban limpias, Los peces pululaban en bancos por todas partes y los  chavales esperábamos con ansiedad la temporada para pescarlos. También abundaban los cangrejos, pero cangrejos buenos, del país. Alrededor  del curso de las aguas crecían juncos enormes que ahora  apenas se ven y que nosotros utilizábamos como cohetes  lanzándolos al cielo con un truquillo. Todo estaba accesible y limpio por las ovejas y las vacas que pacían en su ribera y las personas que sus senderos transitábamos.
El Corcho. Antes había  muchos
 peces y cangrejos en el Moro.

Por eso  yo me pregunto si realmente "avanzamos" una barbaridad en el sentido de mejorar, prosperar mucho; o una barbaridad en el sentido estricto del diccionario: animalada, burrada. Si en algunos aspectos, lo que progresamos por un lado lo retrocedemos por otro. Si, en fin merecen la pena determinados "progresos". Seguramente sería mejor avanzar menos pero con paso firme y  no como en el caso del río Moro donde  el progreso se vuelca en la basura que soporta. Deberíamos, aunque solo fuera por justicia y solidaridad, dejar la naturaleza, como   nuestro riachuelo, tan fresca y vivible como nos la encontramos.



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